jueves, 4 de febrero de 2016

Una mujer muerta a puntapiés.

La encontraron sentada frente a la televisión encendida con la cabeza firme e hinchada asimétricamente, no se le podía apreciar el antiguo rostro que mostraban las fotos de la pequeña sala. A lado del cuerpo, el cenicero con cinco colillas que formaban una perfecta estrella de cinco puntas:
 -Una vieja costumbre- dijeron los testigos.
Los crueles puntapiés les fueron dados en la barbilla, boca, ojos, oreja izquierda, estómago, ambas tetas, costillas; y en la vagina, los golpes más desgarradores. Las marcas en el cuerpo parecían cuchilladas sin heridas abiertas. No se sabe donde dolieron más los puntapiés, si en el vientre, en el rostro o en el silencio de la víctima.  Nadie escuchó los  gritos, nadie nunca se enteró que estaba siendo maltratada día a día; un grupo de vecinas declararon que la agredida usaba demasiado maquillaje, que jamás pudieron ver su rostro como realmente era; Pero ahora, los golpes y la muerte, la infeliz no la pudo disimular.
Me hace pensar, que un cuerpo y un rostro muy maquillado en el fondo son golpes escondidos, golpes silenciados ¿Por qué callaba el maltrato esta víctima? Por qué calla el maltrato una mujer? Nadie lo entiende.  Ni Casandra, su mejor amiga, quien afirmó, que al día siguiente de las zurras cotidianas, el marido regresaba a casa como si nada: -porque ahí vivía su mujer, y ella lo recibía, porque ese era el lugar de su marido.
Esperanza, así se llamaba "la gran puta" de la manzana 138, nombre de decepción y amargura. Ya no habrá puta a quien agredir en el barrio ¿o sí? ¿qué otra mujer estará siendo cómplice, flagelada por las culpas, miedos y mezquindades de su marido?

La autopsia reflejó que Esperanza falleció porque se le reventó un hematoma craneal. con este informe se puede concluir que la víctima tuvo tiempo suficiente después de los golpes, prender la televisión, sentarse con su cajetilla de cigarrillos y fumárselos todos y luego armar con ellos, la extraña estrella de cinco puntas; estrella, que para los esotéricos y la biblia representa el bien y el mal en este mundo.

El marido, el verdugo llorón gritaba: "comprendan señores policías, ella tenía que morír. Ella no valía nada, era una grandísima puta; mi moral estaba por los suelos. No me metan a la cárcel, ella tenía que morir".
En el pecho desnudo del asesino había tatuado una estrella de cinco puntas y un corazón partido.
Adiós Esperanza.

Delia Pin Lavayen.

domingo, 31 de enero de 2016

El espectáculo sorpresa de la Casona no apto para infantes

1:15 -Hola José ¿Qué tal? Te cuento hoy llego a las cuatro a la Casona para reforzar una pequeña variación que he hecho  para el Cuento Sol y Luna, si puedes anda media hora después para no chocarnos en los ensayos.

-Ok Delia.

Cerré la llamada.


4:03:  Ensayé dos veces el nuevo número.

4:46: Llega José con sus pesados implementos construidos por él mismo (dos mesas de madera e hierro, que por fuerza debe pagar taxi), hablamos de unas cuantas sugerencias y puntos de vista, como quien empezaba primero, si Ni o mi Cuento. Decidimos que mejor el cuento. José empezó a practicar la rutina de su obra.

5:18: Mientras me organizaba en la logística de boletos y otros  detallitos, como la falta de otro ventilador en el espacio, veo al administrador de la Casona guiando a un joven muy observador  y callado, nos saludamos e inmediatamente bajé a decirle al guardia, que si me pueden ayudar con otro ventilador  y él me responde nervioso:

-Señorita ahorita mejor no pida nada, se está armando una bronca allá en la oficina, puede que todo se suspenda.

- ¿Qué, pero por qué?

-No le puedo dar detalles.

Subo sorprendida por las fantasmáticas escaleras de la Casona y escucho de lejos la música que usa José Rengifo para su espectáculo, lo miro de lejos y pienso que mejor no le comento para no alterarlo y me detengo conveciéndome  que no pasará nada.

5:25: Un señor de camisa blanca se me acerca y  saluda;  entra directo al ensayo de José,  le apaga la luz y le dice que se retire, que todo se suspende.

José y yo atónitos sin saber que decir. Solo recuerdo haberle dicho a ese sujeto,  que nuestro número a lo mucho dura 40 minutos,  a lo que él responde:


-Orden del rector de la Universidad de Guayaquil (¡qué largo título!); si quieren solucionar hablen con el señor que les dijo que pueden trabajar en este espacio sin consultarle al rector...

Y así empezó el gran teatro que nos dieron a nosotros los actores, que preparábamos un nuevo y mejor número al público que en pocos minutos llegaría:

Dimes, diretes, acusaciones, revanchas; sugerencias,  como que:  -firme quien los está estafando, quién se está lucrando y etc. etc...

A las 6:05 el primer público, tres personas: padre, madre y un niño, que me preguntó dónde está el Sol y la Luna y le cuento brevemente que el Sol NO está en la Casona y me vuelve a preguntar:

-¿Y el títere?

- Tampoco está el títere.

-¿ Se fue con la Luna?

Me dejó sin palabras, arrancándome sonrisas. Alcancé a decirle que cuando venga el títere, el Sol y la Luna le avisaría a su mamá. Y su respuesta fue:

-El Sol está en el mar y dónde está la Luna.

-Atrás de la montaña esperando que el títere de rodilla termine de comer su pastel.

Y así se fueron mis primeros espectadores;  y luego dos niños más grandes muy sorprendidos se alejaron por esa gran  puerta de rejas.

De esta manera concluye la función que NO dimos y el espectáculo que presenciamos en esa casa grande de la Universidad de Guayaquil.

Ojalá que este útil espacio no se convierta otra vez en un elefante blanco, que ya hay muchos en está ciudad, entre otros elefantitos casi blancos y dormilones.

Delia Pin Lavayen.




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