domingo, 31 de enero de 2016

El espectáculo sorpresa de la Casona no apto para infantes

1:15 -Hola José ¿Qué tal? Te cuento hoy llego a las cuatro a la Casona para reforzar una pequeña variación que he hecho  para el Cuento Sol y Luna, si puedes anda media hora después para no chocarnos en los ensayos.

-Ok Delia.

Cerré la llamada.


4:03:  Ensayé dos veces el nuevo número.

4:46: Llega José con sus pesados implementos construidos por él mismo (dos mesas de madera e hierro, que por fuerza debe pagar taxi), hablamos de unas cuantas sugerencias y puntos de vista, como quien empezaba primero, si Ni o mi Cuento. Decidimos que mejor el cuento. José empezó a practicar la rutina de su obra.

5:18: Mientras me organizaba en la logística de boletos y otros  detallitos, como la falta de otro ventilador en el espacio, veo al administrador de la Casona guiando a un joven muy observador  y callado, nos saludamos e inmediatamente bajé a decirle al guardia, que si me pueden ayudar con otro ventilador  y él me responde nervioso:

-Señorita ahorita mejor no pida nada, se está armando una bronca allá en la oficina, puede que todo se suspenda.

- ¿Qué, pero por qué?

-No le puedo dar detalles.

Subo sorprendida por las fantasmáticas escaleras de la Casona y escucho de lejos la música que usa José Rengifo para su espectáculo, lo miro de lejos y pienso que mejor no le comento para no alterarlo y me detengo conveciéndome  que no pasará nada.

5:25: Un señor de camisa blanca se me acerca y  saluda;  entra directo al ensayo de José,  le apaga la luz y le dice que se retire, que todo se suspende.

José y yo atónitos sin saber que decir. Solo recuerdo haberle dicho a ese sujeto,  que nuestro número a lo mucho dura 40 minutos,  a lo que él responde:


-Orden del rector de la Universidad de Guayaquil (¡qué largo título!); si quieren solucionar hablen con el señor que les dijo que pueden trabajar en este espacio sin consultarle al rector...

Y así empezó el gran teatro que nos dieron a nosotros los actores, que preparábamos un nuevo y mejor número al público que en pocos minutos llegaría:

Dimes, diretes, acusaciones, revanchas; sugerencias,  como que:  -firme quien los está estafando, quién se está lucrando y etc. etc...

A las 6:05 el primer público, tres personas: padre, madre y un niño, que me preguntó dónde está el Sol y la Luna y le cuento brevemente que el Sol NO está en la Casona y me vuelve a preguntar:

-¿Y el títere?

- Tampoco está el títere.

-¿ Se fue con la Luna?

Me dejó sin palabras, arrancándome sonrisas. Alcancé a decirle que cuando venga el títere, el Sol y la Luna le avisaría a su mamá. Y su respuesta fue:

-El Sol está en el mar y dónde está la Luna.

-Atrás de la montaña esperando que el títere de rodilla termine de comer su pastel.

Y así se fueron mis primeros espectadores;  y luego dos niños más grandes muy sorprendidos se alejaron por esa gran  puerta de rejas.

De esta manera concluye la función que NO dimos y el espectáculo que presenciamos en esa casa grande de la Universidad de Guayaquil.

Ojalá que este útil espacio no se convierta otra vez en un elefante blanco, que ya hay muchos en está ciudad, entre otros elefantitos casi blancos y dormilones.

Delia Pin Lavayen.




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