domingo, 26 de octubre de 2014

Si la voz supiera...

The Magdalena Project” grupo conformado por mujeres europeas y latinoamericanas: actrices, dramaturgas,  directoras y maestras del arte escénico. Mujeres con trayectoria y alto profesionalismo; que tienen como misión crear comunidades teatrales que traspasen fronteras idiomáticas  y culturales, tarea que llevan a cuestas desde 1986: Jill Greenhalgh, Julia Varley del Odin Teatret, Geddy Aniskdal de Freather Teater, Cristina Castrillo del Teatro Delle Radici, Patricia Ariza del teatro La Candelaria. Todas ellas motivan, conmueven, enseñan y aprehenden donde quieran que vayan. Son la voz de la opacada María Magdalena, confundida en la historia religiosa, cultural –y en cada una de nosotras-, voz que sigue dispersa, enredada entre otros bríos que la hacen olvidar de su propia búsqueda en este mundo. 

Semanas atrás Magdalena Project estuvo en la ciudad de Quito en el espacio de Mandrágora Teatro y en la  Casa de la CulturaBenjamín Carrión” impartiendo  talleres  como “dramaturgia del actor, “dramaturgia de la escena”, también en  varios conversatorios; obras de teatro que citan la memoria, la soledad y la muerte.  Desde mi punto de vista, el objetivo principal de este colectivo en sus dinámicas de retroalimentación es despertar la voz femenina de muchas ‘Magdalenas’ incógnitas, únicas y múltiples a la vez; de cada ciudad del planeta que visitan.

Las puestas en escena que Magdalena Project expuso en algunos escenarios quiteños, todas valiosas por su poética, estética teatral; vale mencionarlas: “Ave maría, la muerte se siente sola” de Julia Varley; “No hay doctores para los muertos” de Geddy Aniksdal;  y “Si el silencio supiera" de Cristina Castrillo. Propuestas muy diferentes, pero todas con algo en común: Unipersonales; que ponen al descubierto la soledad del actor, del arte en sí, la -fatal- economía globalizada y la desaparición en estos tiempos de grupos de teatro ‘institucionalizados’. En general, las nuevas propuestas unipersonales en el teatro hablan de otro tipo de independencia: versátil, funcional, -caótico- para los actores, actrices, que en solitario escriben, dirigen y se promueven así mismos. 
En este siglo XXl, nuevas aprehensiones en el teatro se construyen y se avizoran  otras letanías escénicas.

Si el silencio Supiera” es una de las obras teatrales más representativa de Magdalena Project –según yo- porque ponen en manifiesto lo que ellas difunden en sus talleres: La importancia de la voz y la respiración; Voz como ausencia o presencia escénica.

Si el silencio supiera” obra -angustiante- de (in)decires identificatorios, impronunciables de un yo-cuerpo, que sale de una ¿cárcel? dibujada con manos y luces escénicas, que luego la protagonista rompe, atraviesa, aparenta liberarse y al escuchar tantas voces (grabadas) se inquieta y vuelve a encontrar otro encierro circular en el centro del escenario. Comienza para ella esa verborrea mental que el público puede sentir y quiere descifrar.

Incógnitas, reflexiones  me tocan,  al ver  esta puesta teatral;  sobre el uso excesivo  o la quietud de la voz en cada ser humano sin distinción: ¿La voz que tanto habla, grita; es la misma voz que calla, agrieta gargantas, cabezas, etc.?

Voz: hueco del cuerpo, donde los silencios, sonidos onomatopéyicos,  galimatías, vocales, consonantes, cajas de resonancias se liberan o chocan con ríos,  mares de letras, palabras repetibles, infinitas y todas caben en el cuerpo, porque son vacíos desproporcionados, fragmentos de la inconsciencia.  La voz como goce, la voz como deseo es una  opción  del cuerpo que enmudece de tanto hablar o habla de tanto callar.
En la ausencia o en ese tropiezo con la voz que la  actriz de la obra “padecía” al  (no) quererse comunicar, devenían imágenes, como alas, jaula de pájaros: La voz agrietada en escena,  por momentos para el espectador se convertían en  angustias de preguntas: ¿qué quiso decir?, ¿qué escribió? ¿Por qué no puede hablar?

La magia del silencio  elegido o la aceptación de esa voz arcada  –por ratos-  tenía  “un algo”  que carecía de sentido. Esa ausencia de voz también sugería un no escuchar-se -que nada resuene afuera o dentro de sus sienes-. Luego la actriz descubre un espejo y practica vocales como lección: “aeiou”, que repitiéndolas, se reconocía un “iio” que terminaban en un “yo”,  un yo divagante que perdía su forma  cuando se aventuraba otra vez  a pronunciarlas en silencio, o al escribir las letras caían  por su manga del saco o se dispersaban como fugaces nubes o se quemaban;  sin éxito se encontraba con la misma falta: no (querer) poder  decir; porque esa voz-resto nunca  se libera en la realidad.
En esta obra,  la actriz  silencia a la cultura, la sociedad,  tanta perorata de la madre,  la voz del amo, la voz de la histeria,  la repetición de lo mismo, haciendo relucir el drama del decir y el cómo se debe decir o el callar y mejor no decir nada.

 Jacques Lacan dice que la voz es un objeto a: voz alucinatoria, voz-silencio, voz que medio surge, se quiebra en la garganta o  quizás en otras partes del cuerpo; como la  voz de Cordelia  que no sabe profesar todo el amor que siente por su padre: El Rey Lear y este la castiga vilmente. ¿Se puede creer que  la voz está liberada de los escondrijos del cuerpo o la  voz puede ser escondrijo de un cuerpo liberado? En el Si el silencio supiera: No había una ansiedad por el hablar, sino en el cómo hablar. Esa cierta quietud seducía al observador-Otro que esperaba algo grandilocuente y devoraba con la mirada a la protagonista y ella, lo único que quería, era terminar su “histeria” en escena.  Mucha magia puede salir de  la boca y no precisamente cuando se habla.

La actriz también calla tantas voces de mujeres-mitos (escritas por hombres): las sirenas, Ofelia, Medea, Antígona, Magdalena, Lisístrata, etc., a tantos otros literatos y filósofos. Y me surgen más interrogantes para el mundo exterior: ¿Por qué hablan tanto? ¿Qué tanto hablan? Respuestas varias que no escucho ni me enmudecen por ahora.

La voz como semblante, como representación de esa otra voz “no humana” afecta la falta del oyente-otro; el ‘castigado’ es el que se desequilibra con ese decir semianudado o impronunciable; el otro es el que se interpreta en  esa voz ausente, esquiva, ‘violenta’.

Para Lacan: “… el sujeto depende del objeto para su deseo. El objeto a, es una vecindad agujereada en el cuerpo, es lo que no pudo ser simbolizado, por eso queda fuera del cuerpo o es excluido de él; en el orden simbólico, el objeto a no pertenece al mundo, está fuera de él. La voz es un objeto a...”  Se puede aseverar que la voz es libre, libre del cuerpo culturizado sociabilizado. Pero, como dice Marco Antonio Loza Sanjinés: “La voz como “objeto a“, no es la voz-instrumento, aquella susceptible de ser educada, transformada, la voz como objeto causa de deseo, no es la voz “humana”, al contrario, si hablamos es para acallar la voz como “objeto a”, hablamos como la artimaña de Ulises para no escuchar el canto de las sirenas, pero como simulacro, como semblante: la verdadera naturaleza del “objeto a”…” . A lo que se refiere es a la voz libre, a la voz extraviada, que habla sola, sin reglas ni espavientos de la conciencia. Sí, la voz es un agujero sonoro-silencioso, des/ligada del cuerpo.

La voz extraviada de la actriz al final de la obra es un pajarito que ella misma enjaula y guarda debajo de su camiseta, tal vez para que nazca una nueva voz o seguir experimentado con otros espectadores atónitos que nunca terminan de descubrir su “real” decir en escena.

El teatro para el espectador es una fuente que invita a beber de estas voces semblantes, que dan pasos a los silencios, sonidos agujereados o escondido en los cuerpos de la cotidianidad; escapan del espectador: gemidos, negaciones, reflexiones, risas sin una pregunta o respuesta precisa.

La voz como  objeto a  es ese lenguaje bizarro del cuerpo-ser;  que en el otro puede restar  una angustia con el real identificatorio o lo ‘impensable’.

Para concluir, la voz de  Magdalena Project y la de la Protagonista de “Si el silencio supiera” se suman a  las tantas voces indefinidas que representan a la cultura civilizada, injusta de la que todos somos tropiezos parlanchines, desequilibrantes, interminables.

El teatro sufre transformaciones necesarias, el teatro es un vehículo de propuestas inacabables sobre el ser y su atmósfera. Y la voz de este teatro que muta, tiene mucho para decir entre silencios, vibraciones y gritos que penetran sin cesar en la mirada y en el cuerpo del espectador-espejo. 

Teatro de voces-ecos  sin fin ni gloria.


Delia Pin Lavayen


Bibliografía: Magdalena Project http://www.themagdalenaproject.org/es/content/el-proyecto-magdalena.  Talleres, conversatorios en “Tiempos de mujeres” http://www.mandragorateatro.org/Tiempos_de_Magdalena_Ecuador_2014.pdf .  Tiempos de magdalenas (2014): http://www.themagdalenaproject.org/es/content/tiempos-de-magdalena-0 Conversatorios,  teatro de Magdalena Project en Quito-Ecuador. Tiempos de mujeres: Susana Nicolalde. 10/2014. Seminario 10, Jaques Lacan. “la voz” Cecily Berry. Y  textos online de Marco Antonio Loza Sanjinés: El decir de la voz. La voz como objeto causa de deseo  http://literayoga.blogspot.com/2014/05/el-decir-de-la-voz-la-voz-como-objeto.html  El erotismo, George Bataille. Rey Lear, William Shakespeare. Las palabras y las cosas de Michael Foucault





    

domingo, 9 de febrero de 2014

Las palabras redes.

últimamente tantos escritos en las redes de la cotidianidad absorben  energías: Las noticias malas, renegadoras, optimistas; las frases: políticas, religiosas, sensuales, poéticas, célebres; deliran por todos los ámbitos del diario estar, ser, hacer mundano ciber y real.
No hay tiempo ya para la originalidad, todo está dicho, escrito, corregido, editado o aumentado. LAS PALABRAS NOS TRAGAN.
Cada quien (como un narciso) con sus palabrerías filosóficas, andariegas, diversas y trilladas.
¿Cómo detener este decir sin freno que llevamos día a día?
La virtualidad no dejará de ser una maga puerta llena de oportunidades y de lo que se quiera, aprender, negar, discutir, amenazar,  sosegar,  etc.,  etc., etc., más y más.
Los dedos que digitan,  las voces que declaran y se anclan, no tienen fin, Nos convertimos en agresores, victimas, deliberadores. Somos habitantes de la palabra, esclavos del decir-vivir, viscoso-vicioso, lento-rápido, estamos y no avanzamos. Las palabras nos tragan (porque lo queremos así).
Delia Pin.

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