jueves, 24 de mayo de 2012

Guayaquil: ciudad renegable.

Vivo en una ciudad, donde los objetos son sentimientos puros; la música, una pausa del griterío; el silencio, tormento para los oídos. Vivo en una ciudad donde la risa grande y explosiva afecta la cordialidad;  escribir cortamente y de sí mismo es la moda del momento; el café helado y otras sustancias frías, pequeñas empujan al motor humano; alimentarse correctamente entorpece los horarios de trabajo.
Vivo en una ciudad donde se regala Nada a toda hora del día, el poco es mezquino y el todo, algo innombrable.
Esta ciudad que habito es muy de allá, prefieren hablar inglés, francés, mandarín, donde los habitantes se restriegan el español con una lija europea. Creen que esta ciudad no  existirá por mucho tiempo , aseguran que el fin  citadino llegará cualquier momento y será por culpa de los gobiernos, la corrupción de grupos armados, pero jamás por los que reniegan de ella.
Vivo en una ciudad, ahora llamada Killcity: Guayaquil les parece muy pobre, nada postmodernista. En esta ciudad, el maquillaje ha decorado desde las mejillas masculinas hasta el Río Guayas, cubre baches  de carreteras y errores "libertinos".
Hermosa ciudad que protesta por puras ganar de quejarse: "Es que si no nos quejamos, hacen los que les da la gana" así dicen aquellos que la revisten, momifican con el afán de convertirla en más urbana y educada.
Vivo en una ciudad que se frustra con lo agradable y sonríe de lo desagradable; ciudad que aburre y aplaude  lo cuestionable. 
Por último, comentarios de los que reniegan de esta señorial, arruinada ciudad: Creen  que no debió ser de aquí, sino de allá, de la capital ecuatoriana, o mejor de una capital de Europa o asiática, o por lo menos un estado de Norte América. Allá la cultura y civilización es mucho mejor que la de este Puerto amante comercial.

Cuidad mía y ajena eres de aquí y de ahora GUAYAQUIL querida.

Delia Pin Lavayen. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Las palabras tienen vida.

Aquí o allá, las palabras se replantean si vale la pena ser expuestas en conjunto una vez más en este blog. Ellas no quieren regarse  como ideas inconscientes , quieren pronunciar algo más que solo repetición. mientras tecleo un olor a cigarrillo sale de mis dígitos. Las palabras piensan y se dan su tiempo, saben que esta cabeza tiene procesada algunas metáforas complicadas y ellas formulan modos de como presentarse. Alguna vez me pareció que, mientras observaba el monitor, mis dedos no paraban de moverse encima del teclado: "las palabras tienen vida, tienen vida las palabras" me descubrí diciendo. Al final de cada texto pongo mi nombre, porque  ellas no quieren ser las autoras de tantos decires. De mi parte son libres de agruparse como deseen y cuando quieran manifestarse.

¿Las palabras habitan en la cabeza? hay momentos en que creo que no, ellas no habitan ahí. habitan en la necesidad, en un espacio  repleto de vocablos impronunciables. Un lugar jamás ocupado por la materia, se esconden, ahí entreveradas chillan, apretujándose sin cesar. Al escribirse-las o gritarlas, nos hacen creer que vacían ese espacio  (¿el cuerpo?), pero no , ellas jamás dejan de existir. Las palabras son las almas de nuestros fantasmas, saben que estamos citándolos siempre, a veces sin palabreos. Me vuelvo a preguntar: ¿Dónde habitan las  palabras? ¿Dónde se detienen para causar pesar y demanda, dónde? Si el lector está seguro que las palabras habitan en su testa, bien por él o ella, yo aun lo sigo dudando.

Delia Pin Lavayen.

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