sábado, 17 de marzo de 2012

El aburrimiento y yo.

Como aburren los días, los tiempos, los ratos ocios del quehacer cotidiano, la misma política de hace 20 años; la escritura superflua de los faranduleros. Como aburre la música chillona, los gritos de la vecina, el periodiquero, ese electrodoméstico que se ahoga cada vez que le abren su puerta. Como aburren las voces, los silencios, las miradas, comentarios, risas, ideas, los malos y buenos entendidos, el sexo.

Sí, el aburrimiento se adueñó de un pedazo de aliento que flotaba tranquilo hacia una cama amarilla, se paralizó el pobre, ante un grito de la conciencia, evaporándose entre ropas negras que se  aireaban en el  cordel de la letanía. Aliento desaliñado que desgastas  ganas, prosas, pasos, presencia "social".

El aburrimiento tiene poder, poder inalcanzable, delata  bostezos frente al cantor, actor, anfitrión... Enclaustra, libera gestos parcos, miradas burlonas, quemeimportismos y las consecuencias de su existir son monótonas, pandémicas.  Eres un coloso atrevido.

¡Ay aburrimiento! te reconozco, me enrollo contigo entre sábanas, programas televisivos y comida chatarra.

¡Hoy reinarás! 

Delia Pin Lavayen

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