viernes, 13 de enero de 2012

Una puerta, siete letras , un número.

Hoy recopilé siete letras y un  número, los guardé sellándolos debajo de la puerta secreta , aquella que es  visible  cuando la boca se cansa  y el silencio, es puro silencio... 
Sí ,  dormida;  en sueños aquella puerta rechina,  se  estremece con vientos inhalados. 
Secreta puerta que se descubre en sombras,  entre delirios guturales.   

Las letras son  de colores grises , las coloqué cerca del cuadro , donde hay un desierto a orillas de un mar noctámbulo,  estrecho. Jamás nadie  ha visto un mar tan estrecho como el de  aquella pintura pequeña. El número solitario  es  oscuro , no negro , casi negro hierro, no se distingue muy bien si te alejas demasiado de la puerta secreta, está encima de la flor celeste, marchita-mente suave. 

Cada objeto escondido detrás de esa puerta son significantes de ayeres, lejos de ser   signos fantasmales, no provocan ni un mal recuerdo , sino fuera por aquella puerta secreta.

Las siete letras y el número son reliquias, reliquias de un pasado inventado , de un pasado sin historia , ni recuerdos , existen para decir varios  nadas  transcurrentes , vacíos,  hoyos omitidos, polvorientos , acabados.
Siete letras y un número sin préteritos,   ni   futuros, no dicen nada ,  son  espacios rebeldes  ocupados .

La puerta secreta no deja de rechinar , se mueve cuando los ojos se cierran y calla apenas si la conciencia vuelve... Si quieres verla agitar , hazlo en el imaginario rezongar... en el deseo.
Puerta sin historia , tienes un pedazo de tesoro escondido en algún árbol de guayacán, allá en la selva espesa latente del  sur amazónico.

Puerta secreta sino crujieras  en sueños , ahora  serías olvido,... Olvido seco, agrietado.
Puerta aferrada a la continuidad,  al tras-paso , ahora eres importante, he guardado tras de ti siete letras y un número que corearán contigo  ausencias quietas.


Delia Pin Lavayen.

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