sábado, 1 de septiembre de 2012

¿Qué necesitas niño?

La sociedad nos pone en primer plano rostros infantiles, creemos que los niños necesitan, necesitan y necesitan. Inventamos una  caja inmensa de herramientas antojadizas para los infantes. Les creamos juegos, escuelas, tareas, costumbres, aniversarios, risas, mentiras, libros, verdades, tecnología. Un  largo hilo de utilidades. Y ese infante solo quiere jugar y jugar: 
-¡Claro! pero, ¿también debe aprender otra cosa?- dirá alguien. 
Sí, por supuesto. Que lo sueltes y que no te olvides de jugar, -a veces-.  ¿Difícil, no? tus reglas jamás permitirán que llegues a esos lares sin imponer más reglas limítrofes, reglas tercas, reglas asustadas, reglas rígidas, de estragos, angustias en un solo espacio, tono y no quedarás conforme hasta que el pequeño haya  bebido todos tus yoes y corazas.
Niñez absorbida por unos tantos pesares, que cuando quieres hablar de la "necesidad" de la infancia en general; terminas hablando de tus propios traumas. -¡Entonces!- , me pregunto ¿que necesitas niñ@? ¿cuáles son tus necesidades que no la cubre un liderazgo vertical-¿horizontal?, ni las letras expuestas con voz y tinta, consejos, razones, ideología y peor un grupo de teatro? 
Cada vez que se quiere hacer el papel de niñoo, no se lo puede concebir sin un padre y una madre. Infantes atrofiados, como una Matryoshka  histérica.  Complacientes hijos de la renegada patria, que al cantar el himno lo interpretan desde los instintos del odio-amatorio,  en silencios y catarsis.  No descubren aun que en su lenguaje dadaista,  se oculta el chupón  violentado y en sus cuerpos tienen  marcados miedos, repulsiones, vergüenzas. 
¿Que necesitas niño? tu niño -casi interior- todavía no lo sabe, y  por eso cantarás la misma historia hasta que descubras que el chupón solo fue un sueño y que tus pies temen tocar el "verdadero" suelo. O quizás crees más muros de contención para que nadie se atreva a traspasar tu pequeño mundo, pequeño niño. 

Delia Pin Lavayen


domingo, 26 de agosto de 2012

Ayer

Sí, ayer... entoné un pedazo de canción con sabor a Mar, me gritaste que no lo hiciera, que las gotas saladas te salpican ferozmente el rostro, y yo... callé, callé para que te deleites con mi silencio. Pero otra vez, te levantaste como un dios enojado y me dijiste que mi silencio era muy estruendoso, que retumba contra las paredes de tus miedos. Entonces preferí voltearme, para tararear un poema de  Fernando Pessoa entre gemidos y  murmullos:

Vencí, soñando, mundos,
Y mi vida un sueño ha sido.
Cierra tus ojos profundos
para la verdad que duele
La ilusión es la madre de la vida:
Me he dolido, y todo por Dios.
Solo la locura incomprendida
avanza hacia los cielos.

Te dormiste quieto, inmóvil. Tu respiración empezó a torturarme como un ciclón debajo de mi oreja, aproveché y vociferé a los cuatro templos griegos: "vuela lejos viento". Te despertaste con sustos melancólicos, me dijiste casi, casi rogando que siga contándote fantasía y mentiras entre gemidos y murmullos muy cerca de tu vida. Y así dormimos por fin sin palabreos agrietados.

Delia Pin Lavayen

jueves, 24 de mayo de 2012

Guayaquil: ciudad renegable.

Vivo en una ciudad, donde los objetos son sentimientos puros; la música, una pausa del griterío; el silencio, tormento para los oídos. Vivo en una ciudad donde la risa grande y explosiva afecta la cordialidad;  escribir cortamente y de sí mismo es la moda del momento; el café helado y otras sustancias frías, pequeñas empujan al motor humano; alimentarse correctamente entorpece los horarios de trabajo.
Vivo en una ciudad donde se regala Nada a toda hora del día, el poco es mezquino y el todo, algo innombrable.
Esta ciudad que habito es muy de allá, prefieren hablar inglés, francés, mandarín, donde los habitantes se restriegan el español con una lija europea. Creen que esta ciudad no  existirá por mucho tiempo , aseguran que el fin  citadino llegará cualquier momento y será por culpa de los gobiernos, la corrupción de grupos armados, pero jamás por los que reniegan de ella.
Vivo en una ciudad, ahora llamada Killcity: Guayaquil les parece muy pobre, nada postmodernista. En esta ciudad, el maquillaje ha decorado desde las mejillas masculinas hasta el Río Guayas, cubre baches  de carreteras y errores "libertinos".
Hermosa ciudad que protesta por puras ganar de quejarse: "Es que si no nos quejamos, hacen los que les da la gana" así dicen aquellos que la revisten, momifican con el afán de convertirla en más urbana y educada.
Vivo en una ciudad que se frustra con lo agradable y sonríe de lo desagradable; ciudad que aburre y aplaude  lo cuestionable. 
Por último, comentarios de los que reniegan de esta señorial, arruinada ciudad: Creen  que no debió ser de aquí, sino de allá, de la capital ecuatoriana, o mejor de una capital de Europa o asiática, o por lo menos un estado de Norte América. Allá la cultura y civilización es mucho mejor que la de este Puerto amante comercial.

Cuidad mía y ajena eres de aquí y de ahora GUAYAQUIL querida.

Delia Pin Lavayen. 

domingo, 20 de mayo de 2012

Las palabras tienen vida.

Aquí o allá, las palabras se replantean si vale la pena ser expuestas en conjunto una vez más en este blog. Ellas no quieren regarse  como ideas inconscientes , quieren pronunciar algo más que solo repetición. mientras tecleo un olor a cigarrillo sale de mis dígitos. Las palabras piensan y se dan su tiempo, saben que esta cabeza tiene procesada algunas metáforas complicadas y ellas formulan modos de como presentarse. Alguna vez me pareció que, mientras observaba el monitor, mis dedos no paraban de moverse encima del teclado: "las palabras tienen vida, tienen vida las palabras" me descubrí diciendo. Al final de cada texto pongo mi nombre, porque  ellas no quieren ser las autoras de tantos decires. De mi parte son libres de agruparse como deseen y cuando quieran manifestarse.

¿Las palabras habitan en la cabeza? hay momentos en que creo que no, ellas no habitan ahí. habitan en la necesidad, en un espacio  repleto de vocablos impronunciables. Un lugar jamás ocupado por la materia, se esconden, ahí entreveradas chillan, apretujándose sin cesar. Al escribirse-las o gritarlas, nos hacen creer que vacían ese espacio  (¿el cuerpo?), pero no , ellas jamás dejan de existir. Las palabras son las almas de nuestros fantasmas, saben que estamos citándolos siempre, a veces sin palabreos. Me vuelvo a preguntar: ¿Dónde habitan las  palabras? ¿Dónde se detienen para causar pesar y demanda, dónde? Si el lector está seguro que las palabras habitan en su testa, bien por él o ella, yo aun lo sigo dudando.

Delia Pin Lavayen.

sábado, 21 de abril de 2012

Apolo cansado de pensar

El dios Apolo camina  una y otra vez por su gran palacio, no en el palacio griego, no, no...sino en algún palacio de Europa. A veces busca aliviar sus dolores y estrés, entre los paisajes de Latinomérica, justo en estos momentos se encuentra por estas tierras calientes. No comprende, desde cuando el ser humano empezó a divagar como si fuera dios, sin diferencias de clases o estirpe; se siente  inútil, se pregunta: ¿Tal vez el tiempo de dioses ya pasó de moda? se le complica entender;  luego "algo" lo reviste de grandilocuencia y se asoma al balcón donde de repente aparece uno que otro seguidor que lo exhorta y le da valor, claro ese liderazgo le dura poco rato. Sí, en momentos como estos se cuestiona: ¿Que pasaría si Dioniso no hubiera sido desterrado? ¿Dónde estaría yo, si Dioniso reinara? Tan perturbado camina el gran Apolo, que su séquito le cargan siempre el botiquín completo en cada viaje que realiza. "Son otro tiempos" dice,  "tiempos de mortales eternos". La política es algo que ya no le preocupa, las palabras tampoco le preocupan, lo que aterra a este dios del orden y del  sueño: son los actos inconscientes que se desatan como si fueran  actos divinos, deliberados por dioses del Olimpo.

Casi nadie le consulta nada, las cartas, mails, faxes, son ignorados , muy pocas veces tienen respuestas. Se consuela mirando al firmamento. En las noches platica con Doña Luna , pero ella,  ni se digna a  responderle.  Tan solitario, sin vino, escucha un eco, allá a lo lejos,  no suena como su voz, parece Dioniso. Cuando se atrevió hablar con aquel eco, le respondieron risas sarcástica,  risas de mujeres , risas que parecían mencionar el nombre de su rival.  Apolo más alterado que de costumbre, mira a la Luna otra vez y la enfrenta: "Tú, mujer fría y lejana, te atreves a ignorarme,  dile a tu hijo predilecto, a ese borracho risueño, que el trono sigue siendo suyo, que a estas alturas, siento que él jamás abandonó estas tierras,... dile también que fui cómplice  de su dolorosa decisión, abandonar a su gente bajo mi cautiverio del orden y la razón. Dile que regrese, sus hijos terrenales lo aclaman incesantemente, hasta en sueños".  Después de semejante desahogo, el gran Apolo cae rendido en la cima del Aconcagua y la Luna silenciosamente se arropa con una gran nube gris, dejando al dios echado como una estatua petrificada y dormida.

Apolo baja cauteloso la gran montaña, sonríe placentero, menos triste. Su gran ego le dice que,  él es el dios perfecto,  si sigue en el poder es porque es necesario que reine la razón, la ciencia, la moral.  
Entre sus pensares, recuerda un texto de unos autores franceses donde mencionan la esquizofrenia como purgante, evacuación de tanta política capitalista. Pero él deduce que esos "esquizofrénicos" son engendros de Dionisos, no dependen de él.  
Una vez más confiado, bebe un sorbo de vino, toma su pastilla del olvido y sueña como el último dios lo haría: sonriente, feliz, crédulo en la sensatez de los tiempos sin frenos y eternos.  De repente las voces, risas de Dioniso y sus mujeres lo desesperan, pero se voltea y recoge la otra almohada, la almohada del destino efébico. Y así pasan los días de Apolo, cuando se cansa de pensar, se oculta en paisajes lejanos a renegar con su conciencia y humanidad. A veces cree que es más humano que cualquier terrestre de este planeta.


Delia Pin Lavayen
  


sábado, 17 de marzo de 2012

El aburrimiento y yo.

Como aburren los días, los tiempos, los ratos ocios del quehacer cotidiano, la misma política de hace 20 años; la escritura superflua de los faranduleros. Como aburre la música chillona, los gritos de la vecina, el periodiquero, ese electrodoméstico que se ahoga cada vez que le abren su puerta. Como aburren las voces, los silencios, las miradas, comentarios, risas, ideas, los malos y buenos entendidos, el sexo.

Sí, el aburrimiento se adueñó de un pedazo de aliento que flotaba tranquilo hacia una cama amarilla, se paralizó el pobre, ante un grito de la conciencia, evaporándose entre ropas negras que se  aireaban en el  cordel de la letanía. Aliento desaliñado que desgastas  ganas, prosas, pasos, presencia "social".

El aburrimiento tiene poder, poder inalcanzable, delata  bostezos frente al cantor, actor, anfitrión... Enclaustra, libera gestos parcos, miradas burlonas, quemeimportismos y las consecuencias de su existir son monótonas, pandémicas.  Eres un coloso atrevido.

¡Ay aburrimiento! te reconozco, me enrollo contigo entre sábanas, programas televisivos y comida chatarra.

¡Hoy reinarás! 

Delia Pin Lavayen

domingo, 4 de marzo de 2012

Ritual, besos, verso.

Ritual de besos en versos:
Poros abiertos beben,
 exhalan sudor, 
bocas mojadas. 
Laten fuerte tu-mi pelvis, 
contraen una y otra vez 
apretones, gemidos, 
golpes genitales. 
Gran fiesta:
cuerpo incrustado  en otro. 
Se pierden, contorsionan
salvajemente suave.

Besos, ritual en versos:
Desdibujan miradas, cabellos
detienen adentro claroscuro,
pies entrenzados,
plastilinas bicolor.

Versos, besos, ritual:
manos arañas en espalda 
cabeza , cadera, rostro.
Miradas dormilonas sonrientes.
Voz loca , vibran gemidos: 
oídos, cuello, nuca, senos.
Calman la sed, labios rojos.

Leones quieren reposo,
sueño-amante.
noche-día
luna en sol.

Delia Pin Lavayen





  

viernes, 13 de enero de 2012

Una puerta, siete letras , un número.

Hoy recopilé siete letras y un  número, los guardé sellándolos debajo de la puerta secreta , aquella que es  visible  cuando la boca se cansa  y el silencio, es puro silencio... 
Sí ,  dormida;  en sueños aquella puerta rechina,  se  estremece con vientos inhalados. 
Secreta puerta que se descubre en sombras,  entre delirios guturales.   

Las letras son  de colores grises , las coloqué cerca del cuadro , donde hay un desierto a orillas de un mar noctámbulo,  estrecho. Jamás nadie  ha visto un mar tan estrecho como el de  aquella pintura pequeña. El número solitario  es  oscuro , no negro , casi negro hierro, no se distingue muy bien si te alejas demasiado de la puerta secreta, está encima de la flor celeste, marchita-mente suave. 

Cada objeto escondido detrás de esa puerta son significantes de ayeres, lejos de ser   signos fantasmales, no provocan ni un mal recuerdo , sino fuera por aquella puerta secreta.

Las siete letras y el número son reliquias, reliquias de un pasado inventado , de un pasado sin historia , ni recuerdos , existen para decir varios  nadas  transcurrentes , vacíos,  hoyos omitidos, polvorientos , acabados.
Siete letras y un número sin préteritos,   ni   futuros, no dicen nada ,  son  espacios rebeldes  ocupados .

La puerta secreta no deja de rechinar , se mueve cuando los ojos se cierran y calla apenas si la conciencia vuelve... Si quieres verla agitar , hazlo en el imaginario rezongar... en el deseo.
Puerta sin historia , tienes un pedazo de tesoro escondido en algún árbol de guayacán, allá en la selva espesa latente del  sur amazónico.

Puerta secreta sino crujieras  en sueños , ahora  serías olvido,... Olvido seco, agrietado.
Puerta aferrada a la continuidad,  al tras-paso , ahora eres importante, he guardado tras de ti siete letras y un número que corearán contigo  ausencias quietas.


Delia Pin Lavayen.

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