sábado, 2 de octubre de 2010

Visitan a Ismael.


                                                                                          Relato dedicado a mis cuatro queridos amigos inexistentes:
                                                                     Enrique, Guillermo, Francisco y Alfredo .
Ismael los vio en la misma mesa del bar de siempre, a los cuatro sentados, en el rincón preferido por ellos, ahí estaban: sonrientes, despreocupados. Ismael hubiera deseado que no fuese un sueño, los tenía de frente, invitándolo a reunirse como antes: "Los cinco panas "; esta vez retrocedió un paso, se limitó a saludarlos a la distancia, no podía sonreírles, en cambio ellos carcajeaban abiertamente y al unísono, parecía que recordaban algo muy importante y jocoso ¿ Qué más pueden hacer los muertos? Solo recordar.  Sintió celos, ¿Ahora con quien se reunirá en esa mesa cuando llegue el próximo sábado? no dejaba de mirarlos, pero ninguno lo observaba a él de verdad; Ismael quería aprovechar cada segundo irreal que pasaba; escucharlos hablar: ¿sonarán sus voces iguales cuando estaban vivos? 
No les temía, se atrevió dar un paso más: Henry lo ve de refilón, baja la cabeza y fuma, Guillo se voltea, le dice algo a Francis y éste sostiene el hombro de Alfred. Alfred es el único que le dirige la palabra: -¿como vamos Isma? ese decir fue muy frontal y claro, sonó esa voz cavernaria y profunda; no le contestó prefirió regresar la mirada otra vez a todos y vio que se desvanecían de a poco, quedando solo la mesa vacía, sin la acostumbrada botella de puro en el centro, la botella también era un fantasma.

Ismael al despertarse con pesadez cefálica recordó el sueño y los rostro de sus cuatro panas; percibió el humo del cigarrillo inexistente; le palpitó el corazón con fuerza al repetir las palabras de alfred: "¿cómo vamos Isma?"  ¿Habrá sido una invitación , para que se junte a la mesa o al más allá?

Ahora empezar a borrar números inútiles de su móvil, esconder por un tiempo las antiguas fotos; devolver a las respectivas familias: prendas y libros prestados para descansar un poco de imágenes y de tanto llanto encerrado todavía. 
Ismael se mira al espejo, recién descubre esas ojeras que le guindan muy cerca de las mejillas , su cabello tan alborotado y sucio, ese olor insistente de cigarrillo le persigue y esa voz que le dice: - ¿cómo vamos Isma?- Y él responde sin pensar : -con los pies Alfred , con los pies-

Bañarse sería desgarrar toda la mala energía de la noche anterior; entre jabonadas se acordó que jamás escribió la carta de renuncia al jefe de área, así que mejor será que siga trabajando, aunque el sueldo no le alcance, lo entretendrá de tanta tristeza reprimida.

Sabe muy bien que al pisar la alfombra cromada de la oficina se chocará con los dientes y los ojos del temible hombre "supremo" , a quien le ha deseado con devoción la muerte y el furibundo sigue con estupenda salud: el jefe , el desgraciado de su jefe.

-¿Cómo vamos Isma?-  Esa voz bajando como agua de la regadera que lo moja vilmente. Vuelve a responder : - Con los pies Alfred, con los pies-.

Delia Pin Lavayen.
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