sábado, 21 de agosto de 2010

¡Cuerpo colgado!

Un cuerpo colgado en el cordel igual como el libro de geometría de don Amalfitano. Se presume que alguien lo dejo y olvido ponérselo.
Gritos en la mañana despertaron a las vecinas gemelas del departamento 38, vieron desde la ventana: un alma austera que se golpeaba entre los postes de la calle.
Don Amalfitano dijo que el libro de geometría en el cordel no molesta a nadie como lo hace ese cuerpo guindado de los brazos: su peso hace cimbrar las paredes de la casa de doña Gertrúdiz.
Pobre cuerpo se va a pudrir si nadie se lo coloca ¿Aquella alma vagabunda lo habrá olvidado??? o ¿ sus pretensiones eran deshacerse del peso absurdo de la vida ? pobre cuerpo ¿que culpa tienes del karma de esa alma austera? Cada mañana se queja esa materia, no soporta el alba, no le importa mucho como le queme el sol la piel. El dueño detestaba ese blanco europeo, por eso huyó de Alemania, pero el cuerpo jamás se imaginó que lo dejarían echado como cualquier perro en un lugar desconocido y peor aun: en un cordel.
Es impresionante ver como se derrite, la grasa se cae al suelo como cera, a alguien se le ocurrió moldear velas para venderlas. Pasan los días y no lo observan como antes, ¿tendrá valor para soltarse e irse sin alma?
Don Amalfitano no sonríe cree que el cuerpo es insignificante comparado con el libro de geometría, ni siquiera lo ha mirado una sola vez, es más, lo mismo él haría con su cuerpo, pero solo son ideas raras que se le cruzan de vez en cuando por la cabeza, esa cabeza redonda como una pelota que estorba cuando el corazón le late lento o la respiración se ha detenido por un pensamiento obtuso.
la grasa del cuerpo ha servido para alumbrar las narraciones de don Jacinto cuando aparece algún infante con cara de curiosidad de saber porque nunca se termina la luz de la vela.
No se escuchó más la historia del cuerpo colgado, mientras el libro de geometría sigue en el mismo lugar pero más desgastado a lado de la cabeza de don Amalfitano.

Delia Pin Lavayen.
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