martes, 20 de julio de 2010

La Doña soledad .

La doña soledad se ha dado el gusto de salir muy altiva de casa , después de beber mis lágrimas como té en el desayuno , decoró su risa con el pintarrojo labial , no le he dicho nada para no llamar su atención , pero de refilón descubrí que observaba mi desespero .
Sí... salió a buscar más miradas perdidas , siempre llega con algunos , a veces creo que es puta, no se conforma con una tristeza sino que quiere todas las tristezas del mundo ... y lo dice muy segura. Ella no es una esperanza certera , se sostiene en sus grandes tacones de pesares ajenos. He tratado de alejarla educadamente de mi camino , pero cuando me entretengo viendo el horizonte, extraviada en mis recuerdos , la siento que acaricia mi cabeza y sin darme cuenta me he colocado muy cerca de su hombro perfumado de dolor añejo.
Su rostro es muy fresco, de piel dócil y clara.
Beber tantas lágrimas amargas le asienta. No ríe mucho y jamás llora . La poca risa regalona siempre es para debatir con su discípulo así conquista los laberintos del corazón. Sabe muy bien que la mente del humano no es completa sino estuviera el corazón.
NO puedo deshacerme de ella, ya no la combato , mejor le reniego en cámara lenta . Así no se asusta y logro que se disperse un rato entre otros más afligidos que yo. Antes vestía de gris oscuro , pero últimamente sus trajes larguinegros la hacen más presente en todo evento concluido. De vez en cuando toma vino rojo y así no alterar al grupo diplomático . En otras mesas y cantinas se emborracha tanto mientras los demás le hacen coro, después la insultan despreciándola, entre voces inentendibles comienza a suprimir con mucho tino de uno en uno la melancolía.
Doña soledad sueña en tardes , en noches y en algunas madrugadas se entrepierna con Morfeo es el único que la hace gritar relajadamente. Pero en esas noches de bohemia cuando la luna la invita a charlar , aprovecho y le convido un poco de café con un pedazo de pena con sabor a lejanía ,pues yo sé que son sus preferidas así no se desborda ni aloca la Doña SOLEDAD.
Mi compañera en ritos y despedidas.
Delia Pin Lavayen.
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