sábado, 12 de junio de 2010

UNA SOBREDOSIS DE INTUICIÓN

Una sobredosis de intuición ... un corto aire entró por los poros de su cara , en sus rodillas sostenía la barra que había hecho caer , aplastando unos can-can negros vacíos . No volteó, sabía que las miradas la seguían , levantó la barra , una risita se escapó de un rincón del gran espacio vacío. La voz grave del profesor : ¡POSICIONES!
Ella seguía empujando la barra , sin encontrar un sitio donde ubicarla , la música empezó , los traqueteos de los dedos , y la voz : uno , dos , tres ... cuatro y.... La alargada barra se le resbaló sin pena al piso dejando trémulas otra vez a las bailarinas. El profesor quieto , la mira de frente , sin ningún gesto en el rostro , con el dedo índice le señaló el lugar donde tenía que ubicarse . Sin cortes de vergüenza caminó en puntillas temblorosas hacia su puesto. Y " uno , dos , tres ... cuatro" , su cuerpo se movía acorde al sonido impuesto ... sus pies temblorosos soportaron como nunca antes el peso corporal de su delgada compañera.
Un grito ahogado desde atrás la desconcentró ... no se dio cuenta que había pisado por cuarta vez a la misma bailarina de pasos perfectos. La clase paró. Todas sentadas escuchaban sin bajar la cabeza el repertorio angustioso del instructor : " Sino servimos para algo tenemos que decidir... no podemos quitarle el tiempo a los que realmente desean bailar, ..."
Ella bajó la cabeza se entretuvo con una pequeña hormiga negra que pasaba justo cerca del dedo gordo de su pie derecho: "¿cómo habrá entrado esta pequeña hormiga al escenario?" La hormiga dio vueltas y se quedó quieta en el talón del pie izquierdo. Una palmada hizo que viera de frente al profesor, oyó cuando éste dijo: " las puertas están abiertas , la que desea puede salir , pero ¡hágalo ya!. " Ella no entendía esta última frase, pero la que estaba con el pie adolorido de las tantas pisadas recibidas por nuestra protagonista se levanta , busca sus cosas que están arrinconadas junto a la de los demás. Todas las bailarinas sorprendidas , se volvieron su sombra . El profesor al ver su actitud alcanza decir: ¡no era a usted!!! y ella responde : "Hoy descubrí que el ballet no es lo mío" y cruza la puerta con pasos largos y sin pausa. Otra vez el silencio de estatuas reales sin poses de bailarinas se impregna en todo el lugar.
Mientras nuestra inculpada e indisciplinada se incorpora inmediatamente al unísono digital del profesor. Ahora más concentrada que antes , aunque por ratos, no dejaba de preguntarse ¿Qué hacía esa hormiguita en ese gran espacio vacío? .
Delia Pin Lavayen.
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