domingo, 6 de junio de 2010

Los fugitivos de la VIDA.

  • Elizabeth se vistió de vaquero ... se colocó el sombrero y sin avisar a nadie montó su moto, conducía como un hombre ... prefirió dejar el casco , sabía muy bien que las calles estarían vacía a esa hora de la noche ... no tenía intensiónes de respetar el tráfico ... en alguna esquina de la calle estaría ÉL , Pedro esperándola . Sintió ganas de fumar, el sombrero hace rato había caído hacia atrás, el sujetador parecía que la ahorcaba , pero no le molestaba mayormente , era agradable sentir una cierta presión en el cuello , recordó los besos de la noche anterior, se dominó para no saborear el cigarrillo imaginario, aplastó el acelerador , pronto vería los ojos de su amado.
  • Él ahí sentado en la vereda con un pie estirado, el otro recogido y los brazos perpendiculares en el piso , la ve agradablemente sentada en la moto, ella silenciosa observándolo . A Pedro no le sorprendía su vestuario llamativo , conocía muy bien sus mañas y le encantaban : besos robados , manos traviesas , miradas alocadas , palabras sin lógicas. Esa noche, ninguno de los dos tenían planes... Pedro mudo se subió a la moto , Elizabeth tampoco pronunció nada. Mientras ella manejaba, él agarrado fuermente a su cintura provocándola , mordiéndole la espalda, muy pegádos sin restringirse en nada. Elizabeth se saboreaba sin dejar de manejar, aceleró mucho más, sin miedo.
  • No hablaron ¿Para qué??? ¿ Qué había que decir ??
  • Los cuerpos fueron encontrados a la orilla de un arroyo , estaban muy cerca uno del otro ... sus cabeza intactas a pesar de haber caídos en una gran roca , la moto se encontraba al otro lado del arroyo. Cuando se los llevaron a la morgue , un sombrero de vaquero fue levantado entre los montes , el forense no exclamó nada , ¿se contagió del silencio de los muertos? al embarcarse en el auto ve a lo lejos dos siluetas muy juntas una a la otra , que se frotan suavemente y desaparecen con el viento que entra en ese momento por la ventana.
  • Pedro y elizabeth : fugitivos de la vida
  • Delia Pin Lavayen.
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