sábado, 21 de febrero de 2009

Conversaciones de 4

Habíamos terminado el taller , era el último día que nos veríamos como compañeros de clase, decidimos salir a tomarnos un juguito por ahí: palabras van y vienen , sin afán alguno , unas fotitos para refrescar el momento, entre chistes y risas. De repente Marcelo empezó diciendo : "tuve una chica hace tiempo , ella decía: que quería que todos los hombres , la recuerden", -poniéndole énfasis a esas palabras-. Las tres oyentes atentas, -antes semejante declaración-, nos volteamos y le dijimos: ¡ sigue!. Él dice : "¡sí! ella decía que quería que todos los hombres , la recordaran por lo buena que era en la intimidad", -lógicamente no lo dijo con esas palabras- . La Kari, muy prudente nos cerró la boca a las dos silenciosas ,-es que , yo no tenía que decir y Anita tenía la boca abierta- y karina alude : " A todos nos gusta dejar una huella mientras seguimos con vida". Anita se despierta y exclama: "¡ah, bueno! ¡eso sí!. A mi me gustaría que me recuerden por lo alegre que soy , me gusta que la gente se divierta y sepan que yo puse el espíritu festivo". Karina , dice "es verdad, me gustaría que me recuerden porque -según yo- doy consejos a la gente. Quiero que nadie se sienta mal y ser yo las que los anima". Hasta que por fin proclamé algo : estoy de acuerdo con lo que dicen , de esa manera nos negamos a morir. Karina, opina: " así es, la gente se aferra a la vida, dejando huellas en su diario vivir y cada quien lo hace con lo que le de más sentido". Esta interesante conversación me recordó a "Eros y civilización" de Herbert Marcuse , el interpreta la propuesta hecha por Sigmund Freud. El negarse a Tánato(dios de la muerte , griego) . El No morir , remarcando el territorio, del que nos hemos hecho dueño , tomándola como única razón o especial manera de seguir con vida. Asentando base de existencia con nuestro quehacer cotidiano, ya sea en nuestra profesión, o lo que se conoce como filosofía de vida. Seres de cuatro, dos y tres patas, dueños de ideas y realidades a medias. Buscadores de lo que nos fue negado, por esa energía que parece que existe a ratos, pero después no hace pensar que no , y después que sí; sin saber si buscamos algo o alguien. Jugamos ajedrez con nuestro destino, enredados en tiempos desajustados. Tratando de encontrar la tuerca o el tornillo que nos calce, en el fondo sabemos que no está por ningún parte; ahondamos en los demás para ver si por algún rincón del "otro" está. Y justo cuando descansamos de preguntarnos , nos alimentamos de breves ilusiones, tanteando a ratos pasajes gratos; causando risas estruendosas de satisfacción, quizá eso es, la felicidad: pequeños momentos , nada más. Sigamos aferrándonos a la vida , entre metas, gustos y disgustos, provocando suspiro , alientos y necesidad para el mañana, solo VIVIR viendo . Ahora Karina, -se atreve a preguntar lo que yo negaba entre sorbos de jugo- "¿ y tú , cómo quieres que te recuerden?". El jugo de coco estaba tan azucarado que me produjo una tos muy acertada, y las fotos como último recurso de olvido.

 Delia Pin.

domingo, 15 de febrero de 2009

Palabras palabras, palabras.

¿Cuándo las palabras dirán algo nuevo? ¿ Cuándo las palabras nos descifrarán verdades y no solo bosquejo de ella? ¿Cuándo las palabras dejarán de ser un recurso de desahogo? ¿Hasta cuándo palabras? ¡Uf! Deberían morir las palabras , no tiene sentido que sigan existiendo , si realmente, no descifran las verdaderas verdades. Se disimula coherencia , pero en el fondo, hay dudas y desaciertos; las verdades empieza con sentimientos, todas expresan : dolor , angustias, malestar, confusión, ardor. Las palabras son un cuajado de vientos fétido y arómatico, saboreadas en antojos subyacentes , una y otra vez. ¡Ay! palabras, palabras, palabras, ojalá algún día mueran, y su espíritu vagabundo sea, el verdadero mensajero de nuestro corazón, así no inventaremos más excusas panfletarias de título y profesiones, ni inventaríamos más rascascielos de mentiras falocentristas-vaginistas. Malditas palabras, hasta con el nombre, que te llamamos no dices nada. Verborrea ilusoria, gagueos desorbitados, gemidos humedos, galimatías desdibujadas entre dichos chuecos. ¿Y quién soy yo para cuestionarte, instrumento de quejas: palabras? una sombra víctima de tus expulsiones huecas, dichas y oídas, soy una vez más, carcelera de mi propio lenguaje materno. No pudo callarte palabras, ¿cómo hacer una huelga de silencio-ser? sino no puedo evitar pronunciar , tus veintinueve letras, a cada segundo. ¡Maldito seas abecedario! Delia Pin

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