martes, 14 de julio de 2009

Los dinosaurios en acción

8 dinosaurios en una mesa gigantesca, rumiaban felizmente sus alimentos : "pequeños cerebros fetales". Sabían muy bien por experiencias ancestrales , que al comer algún tierno cordero, algo en ellos se encendía ,aunque sea por unas milésimas de segundos. Masticaban gozosos , hasta que, el aparente más joven dinosaurio, dice: pronto cumplirás 2.303 años, -señalando al más viejo de la mesa- tus pisadas han servido de mucho para tus nietos y futuros descendiente , debemos conmemorar eso; pero tratemos que sea una fiesta muy bien recordada y puedan asistir de buena gana, las pequeñas y raras lagartijas. Los seis restantes entre eructos, resoplaban su desacuerdo. El dinosaurio de la mirada ceñuda, justo cuando sostenía un pedacito de cerebelo, entre sus dientes, refutó: cuervos y buitres son lo que necesitamos , ellos si contemplan con susto nuestra grandeza; esas Lagartijas son innecesarias , jamás veremos en ellas , alguna presencia. El más antiguo, para quién iba dirigido el discurso, ya ni escuchaba y peor le importaba; sus sentidos solo estaban atentos a la comida y al sueño, su deleite era dormir en las típicas reuniones sociales.Hasta se había aprendido un truco: todo lo que le preguntaban, él solo movía su cabeza , como manera de aprobación y así nadie lo volvería a interrumpir al cerrar sus ojos. Los otros 5, que preferían echar sus panzas en los charcos , tal vez por respeto o por el gusto de "hacer" decidieron colaborarle al anfitrión en la refrescante propuesta , pues no todos los días del año, la comida era más vista y saboreada: entre plantas y diferentes carnes , era el gran banquete. EN esos días, encerrado en su cueva, el supuesto joven dinosaurio: escribía y escribía su "esmerada introducción", como maestro de ceremonia, no quería que ni una coma se pasara por alto, su discurso debía ser perfecto, las palabras deberían ser bien tratadas y los aplausos serían el toque mágico, cuando él acabase su exposición. Las lagartijas ni cuenta, se daban que algo tramaban sus grandes y aventajados compañeros del habitad , ellas ya , estaban acostumbradas a sus chillones y desenfrenados zangoloteo, sino fuera porque, una de esas noches, vieron fogatas en un largo tramo de la selva y todos los dinosaurios -que solo eran 8- estaban juntitos y apretados en una gran mesa. El dinosaurio , el aparentemente más joven observa a todos del lugar y entre tantos animales grandes presentes, achicaba los ojos para buscar, si había alguna lagartija , pues eran sus invitadas de honor , aunque ellas ni lo sabían. Empieza a expresar sus escritos, este dinosaurio , en un lenguaje monótono y austero, porque no desprendía los ojos de su texto, pues no era una hoja, ni cinco, eran cien hojas que el pobre había preparado y en todas ellas mencionaba sin cansancio, una por una, de las obras, que el más viejo de la tribu había alcanzado. La voz de este , era tan aburrida , nadie le prestaba la más mínima atención , pues los espectadores , en vez de escucharlo, prefirieron comer y beber sin parar y como siempre , el más viejo, el festejado de la noche, se relajaba en su más profundo sueño, esta vez a nadie se le ocurrió despertarlo. Las lagartijas sin entender si quiera de lo que hablaba el anfitrión de la reunión decidieron seguir cazando moscas y bichos , y esta vez lo harían con más calma , pues el vaivén de sus gigantes compañeros, reposaban por ahora . ¿Cuántos dinosaurios hay aún por ahí, que solo leen y leen su esmerada exposición?? ¿Cuántas lagartijas existen por ahí, que llaman la atención por su despreocupada exhibición??? Aunque hay versos , sin querer , se lo debemos a este educado y refinado dinosaurio , que ahora prefiere dormir, en múltiplos eventos y a su elección. Delia Pin
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