sábado, 27 de junio de 2009

“Está olvidado de todas manera”

Un corto punto de vista a la obra teatral de Elena Vargas “Otra manera de olvido” Una gran bolsa plateada revolviéndose en el piso, una voz apresada, que canta en un tono medio, -nada llamativo- se escucha desde ese adentro, poemas sonoros. Cuando la actriz se descubre de ese caparazón plástico; el público no se sorprende, porque los tantos objetos reciclados puestos en el escenario la delatan; la voz, la mirada y el cuerpo no trasmiten novedad, ni siquiera en el texto escueto y muchas veces repetitivo, -¿estilo manierista, acaso?-. La protagonista de mi ensayo, no tenía coherencia, ni presencia. Su cantar recordaban pasillos y boleros de antaño, pero irreconocibles para el público, por su entonación a capela, luego, esporádicamente su boca emitía gritos huecos -sin sentido- e indiferentes. Su cuerpo desprendido, ausente, se deslizaba entre movimientos ralos, desajustados, faltos de ENERGÍA, falto de personaje, de presencia escénica, no estuvo ese otro YO en escena. Era nomás una mujer que buscaba un no sé qué incomprensible entre tantos utensilios inservible. La propuesta mezclada del teatro-danza o del teatro cabaret, no están todavía claros en “otra manera de olvido” Era un teatro indefinido de aleteos narrativos, nada subyacentes, solo palabras simples como su historia ¿pero, de que habla la historia? ¿Otra vez de la mujer? ¿Qué querían decir esos someros movimientos? ¿Para qué tantos objetos, en el escenario? Un monólogo de “ensimismamientos” sin pesares ni alegrías, muy llano en su estructura dramática. Tal vez era necesario llenar el espacio con tereques reciclados, porque ya no hay que más decir sobre la mujer. El repetir una y otra vez: que “Las mujeres son violada por telenovelas venezolanas” no es descubrimiento, es más bien: una noticia del periódico de ayer. Claro está, que la obra es una propuesta de teatro cabaret, un estilo nada nuevo, pero que actualmente ha sido retomado en algunos países vecinos, Siendo su principal característica el canto, la música urbana, el espacio vacío, la iluminación opaca. Donde se pone en juego toda la ENERGÍA que se solicita y se necesita en el escenario, con el cuerpo y la mente; Pero realmente, este teatro no decía nada novedoso, encajaba mejor con las similares propuestas del teatro-danza hechas en nuestro país. Me vuelvo a pregunta ¿era necesario tantos aparatos en el escenario, para decir un no sé qué cosa, sobre la mujer universal y su entorno? Es una propuesta ecológicamente ligera sobre la mujer entre objetos que la fémina siempre necesitará y estos son inventados por hombres: nuestra queja históricamente histérica. La obra termina: cuando la actriz se vuelve a guardar en ese caparazón plástico, sin haber descubierto una propuesta estética en el escenario. Está obra será olvidada de la misma manera como muchas otras obras de principiante. Delia Pin Lavayen
Publicar un comentario

Archivo del blog